El estrés es un fenómeno tan antiguo como la propia humanidad, de hecho, ya fue definido por los griegos (proviene del griego stringere que significa provocar tensión). Fue en el siglo XIV cuando por primera vez se utiliza el término estrés, pero es el Dr. Hans Seyle quien define el estrés como “el factor que acelera el ritmo de envejecimiento a través del desgaste de la vida diaria”, además logró, a través de distintas investigaciones, probar la influencia que el estrés provocaba en la vida diaria de las personas.

El estrés es por tanto cualquier influencia que perturbe algún aspecto del funcionamiento normal del organismo, por lo tanto cualquier cosa puede convertirse en un estresor.

La reacción ante el estrés es por tanto una reacción del organismo con el fin de protegerse y conservar el equilibrio, el organismo cuenta con un sistema de compensación y su manifestación es la reacción al estrés.

Una situación estresante produce una reacción en cadena, el comienzo de la misma tiene lugar cuando el Sistema Nervioso Simpático (parte del Sistema Nervioso Autónomo) se activa por acción del hipotálamo, una pequeña parte del cerebro que controla las emociones y los procesos inconscientes como la temperatura corporal, la frecuencia cardiaca, la respiración, el equilibrio de líquidos y la presión arterial. Segrega una hormona llamada FLC (factor liberador de corticotropina), generándose una serie de reacciones en cadena: se activa la glándula pituitaria que a su vez segrega ACT (adrenocorticotropina), que induce en las glándulas suprarrenales la secreción de cortisol y otras hormonas, como la adrenalina y la noradrenalina.
El hipotálamo provoca también la liberación de endorfinas-beta, los analgésicos naturales del organismo, para permitirnos resistir la tensión, el dolor y el malestar físico. Su efecto es ponernos alerta.
Las pupilas se dilatan para dejar entrar más luz y el vello corporal se eriza para hacernos más sensibles al tacto. La sangre fluye hacia los músculos estriados y se retira del sistema digestivo.
Esto ocurre tanto si existe un peligro real como si no, ya que si nuestra mente cree que es real, nuestro cuerpo también.

Si verdaderamente existe un peligro, la reacción resulta muy útil, estamos más despiertos, en estado de alerta, pudiendo rebasar nuestros límites normales.
El problema reside en que para algunas personas, este estado de excitación se ha convertido en normal. Se han hecho adictas al estrés y lo necesitan en un grado cada vez mayor para mantener la misma sensación.

El estrés actúa como una droga, pero sus inconvenientes son serios como luego veremos, tras la reacción de estrés, el cuerpo necesita tiempo para recuperarse, para reponer el suministro de hormonas y neurotransmisores, de lo contrario, se puede llegar al agotamiento y las consecuencias pueden ser graves.

Podemos resumir los acontecimientos que se producen para compensar los efectos producidos por el estrés en tres fases:


1.Fase: es la llamada de “combate o huida”. Es la fase de adaptación en la que los cambios bioquímicos provocan un incremento de nuestras capacidades físicas.
a.Se produce un aumento de los niveles de azúcar y de ácidos grasos, con el fin de garantizar la disponibilidad de energía.
b.El ritmo cardiaco y la contracción del mismo se incrementan para asegurar a todos los órganos las sustancias que requieran.
c.Aumenta el ritmo respiratorio para garantizar el aporte de oxígeno necesario.
d.Se incrementa el suministro de sangre para algunos órganos como el cerebro y los músculos.
e.Aumenta la sudoración con la finalidad de eliminar con rapidez las toxinas generadas por el estrés.

2.Fase: se conoce como fase de adaptación, en ella el organismo se prepara para mantener por un tiempo prolongado la misma situación, sin embargo, esta fase no se puede mantener por mucho tiempo ya que provocará daños causados por los efectos secundarios de la liberación de las hormonas que participan en el estrés. Aparecerán síntomas como dolores de cabeza, insomnio, alteraciones digestivas, fatiga, dolores musculares, irritabilidad, dificultad para la concentración, miedos, fobias, etc….

3.Fase: pocas cosas son tan debilitantes como el estrés crónico, ya que el organismo no está diseñado para soportar un estrés permanente, de hecho, en esta situación se produce mayor necesidad de hormonas suprarrenales que las que nuestro cuerpo es capaz de producir, y esto tiene un coste, la imposibilidad de enfrentarse a ese estrés y el colapso de una parte o de la totalidad de las funciones corporales, su traducción en patologías puede abarcar una lista muy larga: hipertensión, ataque al corazón, accidentes cerebrovasculares, asma, migrañas, cáncer, etc.

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