“Los patios, los porches y cualquier otro espacio exterior protegido pueden contribuir al confort de los espacios interiores mientras proporcionan también unas zonas habitables gratas.En verano, por ejemplo, los porches y los patios cubiertos arrojan sombra sobre los muros y accesos del edificio, de suerte que la temperatura del aire exterior será localmente más baja ofreciendo a la vez una reducción de la transmisión de calor a través de los muros y la posibilidad de climatizar mediante ventilación natural. Existen numerosos dispositivos creadores de sombra, pero a la hora de escoger se vigilará que no bloqueen las aberturas al paso de las brisas de verano artífices de la ventilación natural.

Los patios ajardinados y, eventualmente, dotados de fuentes o mecanismos de pulverización de agua producen un efecto de enfriamiento por evaporación, fenómeno que atenúa también la temperatura del aire exterior. Cuando la ropa se seca al aire libre, por ejemplo, facilita un apreciable enfriamiento del aire: cerca de 2300 kj (0.64kWh) de enfriamiento por cada litro de agua absorbido por el aire. Se mejora, pues, el efecto de enfriamiento por ventilación natural y se restringen las exigencias de climatización.

arquitectura bioclimatica

Los espacios bioclimáticos exteriores son, por sí mismos, un atractivo y un vehículo para crear las condiciones propicias a un mejor confort interior.

Los espacios interiores pueden ser igualmente benéficos en invierno: la envoltura del edificio puede concebirse para que forme bolsas de sol que aprovechen el sol de invierno con objeto de caldear zonas exteriores cercanas al edificio. La ventaja que se saca es doble: la posibilidad de aumentar el tiempo de utilización de las zonas exteriores y la creación de microclimas más templados próximos a la envoltura con la consiguiente reducción de las pérdidas de calor del interior. Otros elementos que colaboran a caldear los accesos a una casa son la vegetación, los aleros de la cubierta, los muros cortavientos y los invernaderos temporales. “(Roger Camous y Donald Watson, “El Hábitat Bioclimático”, GG, pág.33).

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Nacho Llopis Cotanda
Arquitecto